La fregadora de autos más “ecológica” de La Habana

"Hace aproximadamente siete años creó la Planta de Fregado La Ecológica, con un sistema único de su tipo en Cuba."

No es el viejo pescador en lucha constante por atrapar aquello que pudiera parecer inatrapable en un mar a veces bravío. No es el Santiago de Hemingway; pero –también desde Cojímar– Ernesto vive del agua.

Hace aproximadamente siete años creó la Planta de Fregado La Ecológica, con un sistema –asegura– único de su tipo en Cuba, que permite limpiar y reciclar las aguas grises y de lluvia, en un ciclo constante y cerrado, para que puedan ser utilizadas en la limpieza de autos sin emplear agua potable.

“Es increíble cómo uno evoluciona como ser humano; siempre fui amante de la naturaleza, pero antes mi prioridad era la ganancia económica”, dice el ingeniero mecánico.

Para él todo cambió “por casualidad”, cuando una mañana un vecino y amigo le habló de un curso de Permacultura que se impartiría en la Fundación Antonio Núñez Jiménez. Ernesto apenas había escuchado el término y no le interesaba en lo absoluto, pero terminó “dejándose arrastrar” y hoy aplica lo que allí aprendió en todos los aspectos de su vida.

“La permacultura es, básicamente, hacerse amigo de la naturaleza, respetar sus procesos, apropiarse de ellos, y desde esa perspectiva, enfocar todo lo que uno haga en favor de su cuidado, aprovechando al máximo sus recursos. Es elegir un modo de vida responsable, que vea más allá de uno mismo”.

El timbre apagado de su voz no asume un tono discursivo para explicar cómo entiende esa rama del diseño ecológico, sin embargo, su rostro es más serio al enfatizar que la permacultura tiene también elementos basados en la ética, que ayudan a comprender que la naturaleza es mucho más de lo que ven nuestros ojos.

“Recuerdo que cuando terminé el curso y abrí la fregadora los maestros pusieron el grito en el cielo pensando que las lecciones, para mí, habían sido en vano. Imagínate, yo acababa de graduarme y comenzaba un negocio que requiere de tres mil a cinco mil litros de agua en una jornada de trabajo normal”.

No obstante, de acuerdo con sus afirmaciones, fue gracias a la Fundación que su visión de la vida cambió; de ahí surgió la idea de crear un sistema para su negocio que no utilizara agua potable.

Sin recurrir a la falsa modestia, Ernesto asegura que el sistema que utiliza la fregadora “es sencillo y cualquiera pude implementarlo con un mínimo de recursos y muchas ganas de ahorrar”.

“En casi todas la casa construí espacios de captación que recogen la lluvia, luego esta es conducida, mediante canales, hasta una cisterna de cinco metros cúbicos, y finalmente toda el agua acumulada se bombea hacia un tanque elevado que abastece todos los trabajos que hacemos”.

Ernesto aclara también que este ciclo es cerrado y, por tanto, el líquido empleado para fregar los autos se “recupera”; es decir, el agua residual pasa por una trampa de grasa y por un filtro de gravillas para luego regresar a la cisterna y volver a ser aprovechada.

Con el intenso período de sequía que ha sufrido el país en los últimos años, el innovador no podía depender solo de las precipitaciones, así que cuenta en su vivienda con dos conexiones hidrosanitarias para separar los desechos de aguas negras del resto. “El agua del fregadero, el lavamanos y la ducha pasan por el mismo sistema, por tanto, también me sirve para lavar los autos. La verdad, a mí me sobra el agua”,dice sonriendo.

Una vez, a sugerencia de conocidos y por la insistencia de amigos, decidió patentar “su invento”. Pero dice que la burocracia lo mata, que se cansó a mitad de camino y que al final no le importa que lo copien. De hecho, le gustaría que fuera así.

“Ojalá todo el que pudiera aplicara eso y muchas cosas más. Hay tanto que salvar. Todo el mundo piensa en las ganancias materiales, pero a pocos les preocupa a qué precio están mejorando su economía. Creo que es importante ir ampliando nuestra visión y nuestro modo de pensar la vida”.

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Sobre el autor:
Reportera. Colabora con plataformas como 'elTOQUE'. Graduada de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
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