Con una aguja de coser y otra de acupuntura Bruzón comenzó a tatuar a sus amigos de la secundaria a los 13 años de edad, en su natal Las Tunas.
“Era más un hobby, una curiosidad. Recuerdo que en la escuela se hizo un pequeño movimiento entre los muchachos que dibujaban diferente, nos uníamos y tatuábamos entre nosotros. Después de terminar la secundaria me desvinculé totalmente del tatuaje para entrar en la Academia Provincial de Artes Plásticas ‘El Alba’”.
Añadido: Unos años después, Bruzón Hernández regresa al mundo del tatuaje, buscando en principio una fuente de ingresos. Su aprendizaje de manera profesional fue tatuándose a sí mismo. Encontró una vía para plasmar sus propios diseños e inquietudes pictóricas.
Muchos de sus dibujos son llevados a la piel. En ellos busca la sátira del poder a través de los animales. Figuras zoomorfas que dialogan con el escenario social contemporáneo. “Estoy en una constante búsqueda, atento a lo que me rodea. Veo un estilo que me interesa aprender y lo llevo a mi contexto” (Texto y foto: Lucy Gmorell).








