Este año las graduaciones de las escuelas primarias cubanas ocurrieron en la primera quincena del mes de julio. La tradición se mantiene: una coreografía empírica, la entrega de diplomas, la dedicatoria en las camisas, y la firma del gran libro de los graduados. A diferencia de otras etapas, las celebraciones en las aulas se han limitado, pero los matutinos especiales con mezclas sonoras que oscilan entre lo patriótico y lo urbano siguen ocupando las mañanas. Los niños y niñas que terminan etapas estudiantiles siempre lucen más felices. Aunque la tecnología avance, en Cuba sigue siendo costumbre la firma de la camisa del uniforme; los nombres de todos los presentes ese último día, o bien las dedicatorias de los compañeros más cercanos, se agolpan en varias direcciones sobre los blancos fondos (Texto y fotos: Lucy Gmorell).








