Amanda tuvo su primer tatuaje a los 12 años de edad. Antes de comenzar a tatuar por sí misma, ya su cuerpo había sido lienzo de diez artistas de la tinta. Conocida por el nombre de Amy Wish, se inició vendiendo suplementos de tatuajes, luego abriendo piercings, y cuando obtuvo todas las herramientas necesarias decidió tatuar por su cuenta, hace ya 8 años.
“Por primera vez hacía algo con lo que me sentía totalmente feliz y podía encontrar mi independencia. Cuando empecé, toqué muchas puertas de tatuadores en su mayoría hombres, existían muy pocas mujeres que se dedicaran al tatuaje; algunos me rechazaron, otros me subestimaron, pero siempre encontré a alguien que me tendiera una mano”.
Hace 4 años Amanda es madre soltera. Su niña ha crecido viéndola tatuar; pertenece a una generación que asume tatuarse como algo natural, sin prejuicios. El arte corporal es para ella un estilo de vida.
En la actualidad, 35 diferentes artistas de la tinta han trabajado sobre su cuerpo. “Aún me estoy construyendo”, afirma (Texto y foto: Lucy Gmorell).








