Anirka es una mujer que ya rebasa los 40 años de edad. Ha pasado casi la mitad de su existencia trabajando en la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) 30 de noviembre, en Artemisa. Desempeñarse como contadora de los viveros, en un colectivo donde la mayoría son hombres, ha sido un gran desafío; pero como Anirka predica con el ejemplo, no hay manera de que no la admiren.
Su vida no ha sido fácil. Siendo joven aún se ocupó de educar a sus dos hijas. Hubo malas noches, catarros, fiebres de las pequeñas, pero nunca abandonó el surco. De hecho, fue gracias al campo que garantizó la subsistencia familiar y su independencia económica (Texto y foto: Yailén María Ruz Velázquez).








