Desde hace cuatro años, Rolando el guantanamero limpia ollas y pule cazuelas por las calles de La Habana. Enciende su máquina criolla con la corriente del primer vecino que requiera sus servicios, hace dos o tres encargos y sigue su camino.
“Yo traje este invento a la capital, así, con máquina, desde los campos”.
Cuando le preguntan cuánto cuestan sus servicios, responde jocoso: “Casi lo que usted quiera darme”. Pero su tarifa por cazuela oscila entre 100 y 150 pesos cubanos (Texto y foto: Juan Pablo Estrada).








