Las fotos no son suficientes. Hay que estar en el lugar y oler. Cerrar los ojos y aspirar profundo. Dulce, húmedo, acuoso. Huele a beso. Huele a tierra, a fruta madura, a corteza de árbol, a bosta seca, a madera vieja y descompuesta, a los hongos semicirculares, aplanados y duros que nacen en ella. Al abrir los ojos, sobre la bruma que lo envuelve, el valle se sublimará ante nosotros.
Tiene nombre de aborigen taíno, nombre de río.
























