El “agua tibia” de la corrupción en Cuba

"Cuando se ve cortar las puntas inferiores de la delincuencia, el sentido común indica que sus ramas se extienden más allá, en un ambiente de corrupción."

Los reportes televisivos se suceden, casi a diario, en una suerte de nueva sección del Noticiero Estelar de la Televisión Cubana (NTV). En ese medio y horario se revisten de oficialidad indiscutible en el país. ¿Cuál será el Tras la huella de hoy?, se preguntan los espectadores de la saga, aludiendo al popular dramatizado policíaco de factura nacional.

En la Isla, donde el sistema de prensa estatal desterró hace décadas la típica crónica roja, estos materiales sobre delitos, en medio de la reclusión domiciliaria por la COVID-19, han venido a despertar el morbo de los públicos, además de intensas polémicas sobre la pertinencia ética y jurídica de enjuiciar públicamente a supuestos infractores antes de que su culpabilidad haya sido probada por los órganos de justicia correspondientes.

Sin embargo, más allá de esos debates hay otras interrogantes que quedan flotando en el aire cada vez que un nuevo “capítulo” policial llega a los televidentes…

En un ambiente de férreo control verticalista y estructuras que han respondido durante décadas a un mando centralizado: Partido/Estado/Gobierno, ¿cómo se explica que cinco personas de Mayabeque puedan construir frigoríficos particulares en sus casas y almacenar para revender toneladas de cebollas, equivalentes en carga a decenas de rastras, sin que nadie lo sepa, ampare o propicie?

¿De qué forma se edifica una fábrica de pintura que puede albergar en depósito más de 1600 tanquetas de 10 y 20 litros y 78 tanques de 200 litros, y que ese negocio funcione y sea rentable, sin tener una potente red de contactos/colaboradores/auspiciadores?

¿Quién “digiere” que cuando tanto escasean los alimentos básicos un sujeto pueda articular una operación delictiva en la que un camión estatal le traslada de La Habana a Sancti Spíritus —es decir, recorriendo media Isla—, 190 sacos de arroz y cientos de libras de pastas, entre otros productos, y esto pasa inadvertido para los distintos sistemas de vigilancia a todos los niveles?

Cuando se ve desenmascarar y hasta cortar momentáneamente puntas inferiores y más visibles de la densa madeja de la delincuencia, el sentido común indica que sus potentes ramas se elevan y extienden mucho más allá, en un ambiente que no merece otro nombre que corrupción. Cotidiana, potente, rampante. Suavizada en el lenguaje común bajo los términos de “lucha”, “escape”, “bisnes”. Quizá con varios “pejes gordos” implicados, pero con la cobertura suficiente como para no aparecer en los escarmientos doctrinarios del NTV, muchas veces verdaderos juicios paralelos a la justicia reglamentaria.

El historiador y politólogo cubano Esteban Morales publicaba hace algunos días en Facebook: “En los hechos delictivos que nuestra policía está atacando se trata de cantidades vinculadas a un acto de corrupción y robo que está más arriba dentro de la administración estatal. ¿De dónde salen esas grandes cantidades de productos sino de los propios almacenes estatales y de las cooperativas? Sigan hacia arriba para que encuentren a los ladrones más importantes”.

Precisamente hace una década el prestigioso ensayista cubano fue “separado” de las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC) por publicar en el sitio web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba su artículo: “Corrupción: ¿La verdadera contrarrevolución?”.

“La clave de todos nuestros problemas está en que nuestra economía manifiesta una incongruencia muy seria, entre la actividad laboral, el nivel de los salarios que se reciben y los precios de los productos, a veces inaccesibles, lo que provoca un insuficiente nivel de satisfacción de las necesidades apremiantes de la vida cotidiana, para una gran masa de la población y que se refleja en todo el resto de las relaciones sociales y la convivencia diaria”, argumentó el profesor, quien se precia de una “sostenida e incondicional fidelidad a la Revolución por más de 50 años”.

Pero, al parecer, ni en aquel instante ni después, alguien de las estructuras del poder le prestó verdadera atención, y lo más que logró Morales, tras reclamar durante un año, fue que le restituyeran su militancia plena en el PCC.

En julio de 2018, durante la clausura de la primera sesión ordinaria de la actual legislatura del Parlamento cubano, el entonces recién nombrado presidente de los Consejos de Estado y Ministros, Miguel Díaz-Canel, convocó a “desplegar una batalla ética contra la corrupción, las ilegalidades, las adicciones y la indisciplina social”. No era el primero de estos llamados en la Asamblea Nacional, pero como la memoria entre nosotros es asunto volátil, se reseñó con toda la energía.

Sin embargo, a lo más que se ha llegado, una y otra vez, en los medios informativos gubernamentales de la Isla —regidos por el PCC— es a visibilizar casos menores, eslabones sueltos de cadenas que seguramente continúan hacia las alturas; mientras la ciudadanía espera que salgan a la palestra los llamados delitos “de cuello blanco”.

En una tesis de Licenciatura defendida en la Universidad de Holguín en 2013, que abordaba “El periodismo económico en el diario Granma y el tratamiento de ilegalidades, delitos económicos y corrupción administrativa durante el período 2008-2012”, la autora apuntaba en una de sus conclusiones:

“Mientras se favorecen en los análisis los temas de ilegalidades y delitos económicos, el flagelo de la corrupción administrativa no tiene un examen profundo ni sistemático” (pág. 63).

“Los trabajos analizados se ocupan en exceso de situaciones a menudo aisladas y coyunturales, y obvian los exámenes de fondo, que deberían enfocarse en las interrelaciones existentes entre los indicadores económicos y los acontecimientos delictivos, para ofrecerle a la audiencia un producto verdaderamente riguroso y contextualizado” (pág. 63-64).

Examinar a fondo, contextualizar, implicaría también admitir que posiblemente muchos de los presuntos delitos evidencian, además de las violaciones, distorsiones económicas, repulsas a medidas arbitrarias y barreras absurdas a las fuerzas productivas. Aludiendo al caso de las cebollas, el economista Pedro Monreal apuntaba en Twitter: “Con oferta decreciente, precios topados y el monopolio estatal —pero ineficaz— de Acopio, los acaparadores-especuladores tienen la mesa servida, para rato. Las soluciones comienzan por revisar la política agropecuaria”.

En tanto, sobre otro de los “capítulos” detectivescos, el escritor Alex Fleites bromeaba en su muro de Facebook: “¿Y si el Estado le cobra los impuestos y le da un crédito para que eche p’alante la fábrica de pintura?”.

La tendencia, no obstante, parece seguir siendo evitar los “exámenes de fondo” y la exposición de altos funcionarios que pudieran estar en las cabeceras de los negocios ilícitos. O como diríamos en buen cubano: “jugar con la cadena, pero sin tocar al mono”.

Por eso, tristemente, algunos en las redes sociales y en la calle opinan que esta nueva ofensiva policial —con todo lo que de loable pueda tener—, no hace más que descubrir “el agua tibia” de una corruptela que hace años está quemando la nación. Y pasará, como todas las fiebres, hasta que llegue el próximo y patriótico combate, quién sabe si amenazados por otra pandemia.

 

Este proyecto fue apoyado a través del programa de Microgrants Check Global COVID-19. 

Autores
Sobre el autor:
Pinar del Río (1982). Periodista. Máster en Ciencias de la Comunicación. Profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (2006-2018). Columnista del periódico 'Juventud Rebelde' (2007-2018). Ha recibido premios periodísticos y literarios en concursos cubanos. Compiló, junto a Miriam Rodríguez Betancourt, el libro 'Pablo de la Torriente Brau. Pasión de contar' (2014). En 2018 publicó el volumen de crónicas 'A la vuelta de la esquina' (Ediciones Loynaz) y en 2019 el libro de entrevistas 'La culpa es del que no enamora. Claves de Periodismo y Comunicación desde América Latina' (Ocean Sur).
Contenidos web
Otros contenidos:

Cierra el Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba: el costo del desgaste y la censura

La generacion universitaria de las penumbras

¿Qué dice el nuevo decreto para regularizar a los migrantes en España?

Una encuesta de opinión sobre Cuba busca capturar la voz ciudadana dentro y fuera del país

El Ciervo Encantado: criatura indomable del teatro cubano

Podcast periodismo de barrio
Podcasts:
PB Podcast
El cubilete
El descanso
El descanso
PB Podcast
Periodismo de Barrio
Se va a caer
Se va a caer
Podcast periodismo de barrio
Series:
Cosas-que-no-sabias-_2_
11J: un año después
Cosas-que-no-sabias
Cosas que no sabías de la realidad cubana
Gente-como-tú-_1_
Gente como tú
La revolución de los aplausos
La revolución de los aplausos
Cosas-que-no-sabias-_1_
Migrantes
En youtube
Youtube:
Tania Bruguera: "El arte debe cuestionar al poder"
Fernando Pérez: "Para que haya diálogo tiene que haber voluntad"
Juan Pin Vilar: "El diálogo es el camino en la medida en que es un diálogo, no un monólogo"
Lynn Cruz y Miguel Coyula: "El arte tiene la responsabilidad de dejarte incómodo"
Roberto Carcassés: "Todas las personas tienen derecho a decir lo que piensan"
Lo más reciente:

Cierra el Observatorio de Feminicidios de Yo Sí Te Creo en Cuba: el costo del desgaste y la censura

La generacion universitaria de las penumbras

¿Qué dice el nuevo decreto para regularizar a los migrantes en España?

Una encuesta de opinión sobre Cuba busca capturar la voz ciudadana dentro y fuera del país

El Ciervo Encantado: criatura indomable del teatro cubano

Contenidos:
Podcasts:
PB Podcast
El cubilete
El descanso
El descanso
PB Podcast
Periodismo de Barrio
Se va a caer
Se va a caer
Series:
Cosas-que-no-sabias-_2_
11J: un año después
Cosas-que-no-sabias
Cosas que no sabías de la realidad cubana
Gente-como-tú-_1_
Gente como tú
La revolución de los aplausos
La revolución de los aplausos
Cosas-que-no-sabias-_1_
Migrantes
Síguenos: