En un apartamento del edificio Cuba, en La Habana Vieja, Liduvina (82 años) teje su historia de vida. Entre retazos de tela dispersos, crea alfombras que son reflejo de su talento y esperanza. En su juventud laboraba en un taller de costura; aún hoy visita ese lugar para rescatar trozos de tela que ya no son útiles para otros, pero en sus manos se transforman en nuevas creaciones.
Las ventas de sus alfombras le brindan algo de alivio económico, aunque en su humilde hogar enfrenta desafíos que marcan la realidad de muchos ancianos en Cuba. Liduvina sufre la falta de suministro de agua, un obstáculo que afecta sus actividades diarias y resalta la precariedad con la que algunas personas de su edad deben sobrevivir. Lidia además con la escasez de medicamentos para controlar el asma y otras dolencias que la aquejan.
Los ancianos como Liduvina son los más afectados por la crisis que atraviesa el país. Se enfrentan a dificultades para cubrir sus necesidades básicas y encontrar los recursos necesarios para afrontar los desafíos de la vida diaria. Se hace necesario reflexionar sobre la importancia de valorar y proteger a nuestros ancianos, aquellos que han dedicado su vida al progreso de la sociedad. Enfrentar los retos económicos y sociales requiere de un esfuerzo colectivo, donde nadie sea dejado atrás (Foto y texto: Yarelis González Collado).








