A los setenta años de edad, José Carlos acude casi a diario al emboque de Regla en horas de la mañana. Lo hace para buscar monedas en esa área del litoral. Él las llama “mis monedas”, y son el resultado del volumen de ofrendas entregadas a las deidades marinas durante la intensa actividad religiosa que ocurre en el lugar. De pequeña estatura y una tez curtida que no oculta su edad, este hombre hurga minuciosamente entre las suaves olas que llegan a la orilla en busca de su botín; mientras tanto, no cesa de promulgar ante cada visitante que acude al lugar la palabra de Dios.
Pero, ¿para qué sirven las monedas que José Carlos extrae del emboque reglano? No es mucho dinero, pero le alcanza para comprar uno que otro café, cigarros, y posiblemente algunas cosas más. De cualquier manera, lo que allí consigue siempre es útil para calzar lo que gana como custodio de una escuela en Guanabacoa. En dicho centro de educación, al mediodía, también ayuda en el comedor, lo que le permite resolver algo para engañar al estómago.
“La cosa está bien dura, mientras no sea robar… Unas monedas no vienen mal. Son un alivio”, me dijo. “Últimamente he visto gente nueva, gente mayor principalmente, buscando monedas aquí” (Foto y texto: Dany del Pino)








