Orlando lleva muchos años, ni siquiera recuerda cuántos, dedicando largas horas del día a maquetar aviones. Un trozo de madera vieja es suficiente para portar alas. Durante la noche repasa en su cabeza cada detalle, incluso a veces sueña con su próximo avión, para despertar temprano con la idea fresca y poder materializarla.
Tanta pasión tiene una gran historia detrás. A sus 78 años, Orlando posee una excelente memoria y entre lágrimas de emoción me narra su vida, la de un joven nacido en Pinar del Río que con menos de 15 años sueña con ser piloto. En 1963 se une a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y es enviado a Rusia para su formación. Luego viaja también a China para optimizar su entrenamiento y convertirse en uno de los mejores pilotos cubanos. Aprendió a volar todo tipo de aviones. Durante mucho tiempo las nubes fueron sus compañeras.
Tanta pasión tiene una gran historia detrás. A sus 78 años, Orlando posee una excelente memoria y entre lágrimas de emoción me narra su vida, la de un joven nacido en Pinar del Río que con menos de 15 años sueña con ser piloto. En 1963 se une a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y es enviado a Rusia para su formación. Luego viaja también a China para optimizar su entrenamiento y convertirse en uno de los mejores pilotos cubanos. Aprendió a volar todo tipo de aviones. Durante mucho tiempo las nubes fueron sus compañeras.
Se retiró en el año 2010. Desde entonces vive humildemente en su casita de Centro Habana, un lugar sin lujos ni comodidades, con la única compañía de unos cuantos pájaros enjaulados y, como él, privados de poder volar. La mayor riqueza que atesora son sus pequeños aeroplanos. Cada avión tallado es una parte importante de su vida (Foto y texto: Jorge Bonet).








