Subiendo la loma de La Colina, lo encuentro con su viejo pero eficaz transporte de muchos años. Es una de las tantas veces que lo he visto sentado en el portal de su casa, tratando de arreglar su bicicleta china Flying Pigeon, curtida en más de mil batallas y gastada por el tiempo.
Elio vive solo. Me invita a acompañarle un rato a cambio de un vaso de agua fría. “Los dos viajes más lejanos que he hecho en bicicleta han sido al mismo lugar: ida y vuelta hasta Batabanó; hace ya bastantes años de eso, en la década de los noventa, cuando para buscar alimentos era mejor salir de la capital”, me comenta.
Entre historia e historia, le pregunto por qué ya no monta la bicicleta que tantas alegrías le ha dado, y si estaría dispuesto a cambiarla por una moto eléctrica. Con una pequeña sonrisa me responde: “Tengo las gomas y las cámaras hechas ‘leña’ y no me da para comprar unas nuevas, además, ya estoy viejo como para subir esta loma con un calor tan fuerte; en segundo lugar, no cambio mi bici por una moto, la cosa en Regla está muy mala y capaz que me dan un golpe para quitármela, entonces me quedaría sin bici y sin moto; prefiero mi vieja china” (Foto y texto: Jorge Bonet).








