El pasado 21 de julio el cielo cubano se llenó de una bruma de polvo del Sahara. Las nubes se observaban tapadas y el Sol desenfocado. Una alta sensación térmica y la amenaza de precipitaciones en la caída de la tarde se hicieron habituales. El polvo del Sahara contiene partículas minerales, bacterias, hongos y ácaros que traen consigo reacciones alérgicas, afectaciones respiratorias y en la piel. Sin embargo, las actividades recreativas a la intemperie no se detuvieron nunca en La Habana, y en absoluto se utilizaron medios de protección. El martes 25 de julio las nubes se comenzaron a definir de nuevo en Cuba (Texto y foto: Lucy Gmorell).








